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La AFA de las dos caras: una liga a puro desorden y una selección de Primer Mundo

Nos pasamos quejando del fútbol argentino. El nivel, el juego, los jugadores, los problemas, el VAR, la violencia, los violentos, la incertidumbre, increíble, de ir a la cancha sin saber si volveremos enteros. Nos vivimos quejando. Con razón.

Nos pasamos mirando y elogiando todo lo bueno que pasa lejos nuestro. “Mirá Alemania y su plan a largo plazo que no repara en Joachim Löw haciendo cosas raras con su manos“, dice el discutidor eterno de la mesa de bar. “Mirá Francia. Mirá España. Mirá Estados Unidos”, pontifica el tuitero que vocifera sin asumir costos.

Entre los quejidos y la envidia hay un largo trecho. Tan largo es el trecho como la distancia entre lo que pasa puertas adentro en la Liga Profesional y las categorías que le sigue y la imagen impoluta que ofrece la embajada impecable que es la Selección Argentina.

Nos vivimos quejando por quejosos, es cierto. No podemos evitarlo. También con razones. No se termina de entender un torneo de Primera multitudinario que parece el cuento de la buena pipa. Tampoco una Primera Nacional hacinada con 37 equipos. Y podemos seguir bajando. Literal. La organización está en el debe. Propio de un país impredecible. Por qué ser diferentes… Duele porque la resignación termina ganando todas las pulseadas.

Scaloni, Samuel y Aimar (de espaldas), los pilares del proyecto de Tapia, en Fort Lauderdale, Miami. Foto: Juano Tesone

Sin embargo, bajo el mismo ala, el fútbol argentino muestra otra cara cuando se viste de celeste y blanco. O de violeta, qué importa. La Selección Argentina, lejos del exitismo por la racha de 35 victorias consecutivas, es un ejemplo. No importa qué pasará en el Mundial de Qatar. Ojalá la aventura empiece el 22 de noviembre en el estadio Lusail ante Arabia Saudita y termine el 18 de diciembre en el mismo escenario contra el rival que venga y aunque el buscador de Google diga lo contrario.

La renovación de Lionel Scaloni es una señal saludable. La Scaloneta, según anunció Claudio Chiqui Tapia, seguirá más allá del 18 de diciembre. El horizonte está en el Mundial de 48 equipos que se jugará en Estados Unidos, México y Canadá. Significa que hay proyecto. Que se seguirá escribiendo la interesante obra del hombre nacido en Pujato. Que seguirán teniendo la batuta de los seleccionados hombres como Pablo Aimar, Walter Samuel y Roberto Ayala, los laderos de Scaloni. Y esa es una señal de cordura. Una señal que preocupa no ver puertas adentro, pero que entusiasma pensando más allá de los resultados.

Claro que todos queremos, al menos por estos rincones, que Argentina sea campeón del mundo. Que Lionel Messi complete el casillero que le falta para ser aún más indiscutible. Pero también genera expectativa saber que un tropezón no será caída. Y que tampoco será retroceso. Aunque parezca que el fútbol argentino está empecinado en andar en marcha atrás.

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