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El caso Javier Altamirano es una oportunidad: ¿están los futbolistas preparados para este tipo de episodios?

Cómo accionar ante un casi similar para ganar tiempo y evitar confusiones es la cuestión

Juan Butvilofsky

Javier Altamirano se desplomó durante el partido entre Estudiantes y Boca (Foto: Fotobaires)

Javier Altamirano se desplomó durante el partido entre Estudiantes y Boca (Foto: Fotobaires)

La descompensación traumática que sufrió el futbolista Javier Altamirano expuso un punto ciego en la dinámica del fútbol argentino. Más allá de la decisiva acción conjunta de los cuerpos médicos, de la presencia reglamentaria de la ambulancia y de cada eslabón que salvó la vida del chileno (que se encuentra estable), sobrevoló sobre el estadio platense una carencia: ante este tipo de desgracias, falta información para el jugador.

Leé también: La palabra del médico de Estudiantes sobre la salud de Javier Altamirano: “Fue una convulsión”

El estado de shock de compañeros y rivales, el grito desesperado del entrenador Eduardo Domínguez reclamando el ingreso de la ambulancia, la reprobación del público local ante un pedido aislado y a la distancia de Edinson Cavani, las dudas del referí Fernando Echenique o la voluntad del capital José Sosa son algunas de las diapositivas de esta película de terror con final feliz: Altamirano está vivo, controlado y estabilizado.

Y esas fotos desordenadas son al fin y al cabo la síntesis de un tiempo de descontrol. Porque, aparentemente, al futbolista promedio le falta ese tipo de educación. ¿Saben los entrenadores, sus asistentes y los planteles, más allá de los sentimientos disímiles ante los traumas, cómo deben reaccionar? ¿Reciben los futbolistas cursos obligatorios de RCP? ¿Entrenan, así como practican una táctica determinada, cómo asistir a un colega hasta que llegue el médico? Porque ese tiempo, el de la parálisis de los actores más cercanos, es el que puede salvar la vida de un compañero, nada más y nada menos.

El jugador fue atendido y trasladado de manera inmediata (Foto: Fotobaires)

El jugador fue atendido y trasladado de manera inmediata (Foto: Fotobaires)

Lejos está el análisis de señalar a un deportista desesperado al descubrir a un colega convulsionando, por caso. El dedo apunta hacia un escenario superador: que los protagonistas reciban educación adecuada en este sentido, para que el hilo de un protocolo los ayude a transitar este tipo de shocks con un orden, hasta que un médico tome el control.

La decisión de los capitanes fue humana y oportuna. Nadie puede juzgar la manera de reaccionar de una persona ante una situación tan dura, el árbitro se tomó el tiempo necesario, y el público comprendió y validó la suspensión. El tema transversal del día, que excede a un resultado o a un gol, es una oportunidad: ¿qué faltó y qué se puede sumar, a partir de este domingo, para que ante otra eventualidad todos los protagonistas tengan adecuada contención?

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