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La historia detrás de una polémica decisión del Gobierno para bajar de “un shock” la inflación

“Luis, es hora de poner un supermercado”. El mensaje, una broma, le llegó ayer por WhatsApp al dueño de una fabricante de alimentos líder. El Gobierno acababa de anunciar que facilitaría dólares para la importación de productos terminados de la canasta básica y, desde el sector industrial, principalmente el de las pyme, trascendía el malestar por la medida, que se leía en realidad como una extorsión a quienes producen en el país: si no están dispuestos a aflojar con los aumentos, deberán competir con lo que venga del extranjero. “¿Nosotros no tenemos dólares para maquinaria y ahora se los van a dar a los que traen alimentos de afuera?”, protestaron en un frigorífico.

Es un marzo movido y probablemente habrá más reproches. Llaman la atención la oportunidad de la discusión -justo mientras acaba de conocerse que el rubro alimentos dio en febrero 11,9%, por debajo del promedio general y casi la mitad que el de enero-, y algo del modo en que el Gobierno intenta últimamente apurar resultados: mediante reuniones con empresas o, como esta semana con los supermercados, pedidos para que las promociones estén consignadas en las listas de precios que le entregan al Indec. No es lo mismo, dicen, un 50% de descuento en cualquier producto de la góndola -algo que queda detallado en la planilla- que un 2×1, que pasa inadvertido.

Tal como lo había hecho la semana pasada con los representantes de empresas de consumo masivo, el ministro de Economía, Luis Caputo, empezó el encuentro del lunes recordando que, a pesar de que el Gobierno había derogado las leyes de Abastecimiento y de Góndolas y terminado con los controles de precios, tres reclamos históricos de los empresarios, muchos estaban intentando últimamente recuperar por la vía de los precios la rentabilidad perdida en el volumen de ventas. Un clásico. Las empresas lo justifican en la incertidumbre sobre lo que viene. “Si es tan fácil el PxQ [precio y cantidad en la jerga económica], ¿por qué no bajan ellos los impuestos y, seguramente, van a recaudar más”, contestaron con ironía ante este diario.

Caputo usó los mismos argumentos que la semana pasada. Volvió a prometer que no habría una nueva devaluación y agregó que, por lo tanto, ninguna companía tendría la necesidad de cubrirse. Más que un pronóstico era un pedido de colaboración a todas. ¿Otra vez la apuesta a la buena voluntad? ¿Al corazón, y no al bolsillo? ¿Volvieron Pugliese, Moreno, Paula Español, Feletti, Massa? ¿No debería un gobierno que redujo casi a cero la emisión monetaria confiar en que, tarde o temprano, como indica la teoría económica a que adhiere el Presidente, la inflación quedará estructuralmente pulverizada?

No parece todo tan sencillo. Porque el desvelo del ministro de Economía no es sólo el fondo de la cuestión, que puede resultar factible, sino el timing. El qué, desde luego; pero también el cuándo. Él necesita que marzo, un mes estacionalmente más propenso a los aumentos que febrero, vuelva a mostrar un IPC descendente, con todo lo que un resultado contrario implicaría desde la óptica psicológica para una sociedad angustiada por tanto ajuste. Como el alpinista que, al llegar luego de un gran esfuerzo a la cima, descubre que del otro lado no lo espera todavía una ladera descendente o un valle, sino otro cordón montañoso.

Es una urgencia entendible si se repara en cuestiones periféricas al IPC. Por ejemplo, el contexto y la potencial conflictividad de la Argentina según el área geográfica: en la Capital Federal y el conurbano, por ejemplo, el aumento fue en febrero del 15%, arriba de la cifra nacional. Y en alimentos, del 13,4%. “Por primera vez, desde que el Indec volvió a medirla, una jubilación promedio no alcanza a comprar una Canasta Básica Total”, publicó en Twitter el economista Matías Surt.

Y marzo tampoco empezó de la mejor manera. Ya en la primera semana las consultoras detectaron un repunte significativo en los precios, principalmente en alimentos: el lunes, durante la reunión con el ministro, las cadenas de supermercados se quejaron de estar recibiendo aumentos de hasta el 20% de parte de los proveedores. Se habló en voz alta de cada caso.

Será un proceso largo de reacomodamiento. Un ex ministro de Economía recordó esta semana a LA NACION los inicios del gobierno de Carlos Menem. “Estamos todavía en la etapa de Erman González, no en la de Cavallo”, dijo. Traducido: con dudas aún sobre la solidez política del Gobierno o el futuro parlamentario de las reformas que propone, y considerando además un programa monetario recién en sus inicios, la inflación podrá estar en camino descendente, pero todavía bastante lejos de erradicarse.

Durante el primer año de la década del 90, y hasta que asumió Cavallo, la inflación cayó de manera paulatina, pero se mantuvo siempre en niveles altos, en general de dos dígitos, y tuvo en el transcurso de ese lapso seis retrocesos mensuales.

Milei no tiene ni tanto tiempo ni al peronismo detrás.

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