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Para la revista ‘Science’, las nuevas drogas contra la obesidad fueron el avance científico de 2023

Science es una de las dos revistas “top” del mundo científico. Y desde hace 143 años se enfoca en los avances de la ciencia. En diciembre, siguiendo una larga tradición, dedicó su tapa al descubrimiento más relevante del año que hoy culmina: el “premio 2023” se lo llevó una novedosa familia de drogas que está demostrando su potencia para ayudar en el control de otra gran epidemia global: el sobrepeso y la obesidad.

Esta situación afecta a más de mil millones de personas. Según la Organización Mundial de la Salud, suma 650 millones de adultos, 340 millones de adolescentes y 39 millones de chicos. Todos números en tendencia ascendente.

El tema deja muy atrás lo meramente estético. 

Cada “kilo de más” eleva factores de riesgo, deteriora el sistema cardiovascular, aumenta la incidencia de diabetes y de dolores articulares, causa más enfermedades metabólicas (eleva los valores de triglicéridos y de colesterol), se asocia a hígado graso, genera cambios hormonales y trastornos de fertilidad. Y se asocia con alteraciones del ánimo, como depresión y ansiedad. Incluso aumenta la incidencia de ciertos cánceres.

Como es un elemento central de la buena salud y –culturalmente– de la estética, la industria farmacéutica lleva décadas de investigación buscando moléculas capaces de controlarla. Pero todos los intentos fueron infructuosos o contraproducentes. Hasta ahora, la novedad, que se llevó el Descubrimiento de 2023, es que se está consolidando una nueva familia de drogas denominadas “agonista del receptor del GLP-1” (péptido similar al glucagón tipo 1) que fueron diseñadas para controlar la diabetes, pero también mostraron servir para reducir la obesidad.

Numerosos estudios han probado que estas moléculas inducen una pérdida de peso significativa (del 9 al 15% del peso corporal) en quienes las utilizan. El número puede parecer escaso, pero hay muchos indicios de que aporta beneficios como control de la hipertensión, colesterol y triglicéridos. Además, reduce la glucosa en sangre, mejora el hígado graso y otros biomarcadores de salud.

Si bien es cierto que pueden generar efectos secundarios, estos suelen ser transitorios y manejables. 

Además, este mismo año, se publicaron otros ensayos clínicos usando GLP-1 que mostraron reducciones de síntomas de insuficiencia cardíaca y una baja de hasta un 20% del riesgo combinado de padecer infarto, ACVs y mortalidad cardiovascular. O sea, más datos convincentes acerca de que aportan otros beneficios, además de la baja de peso.

“La acción de estos fármacos se produce en distintos niveles: en el hipotálamo cerebral inhibe el apetito y genera un menor pensamiento en la comida. Y aumenta el tiempo de permanencia de los alimentos en el estómago, lo que contribuye a una saciedad precoz. O sea, se termina ingiriendo menos calorías y mejora la glucosa”, le comentó a PERFIL la cardióloga y nutricionista Paola Harwicz. “Pero –agregó la integrante de la Sociedad Argentina de Cardiología– son fármacos que deben usarse en el marco de un programa de descenso de peso guiado por un especialista que pueda optimizar el tratamiento y acompañar el proceso. También necesitan de un plan de actividad física y, eventualmente, terapia psicológica. En otras palabras, son medicaciones muy útiles, pero deben ser recetadas en el contexto de un tratamiento integral y bajo supervisión”.

Por otra parte, según la experta, hay otras situaciones a considerar: la obesidad es una enfermedad crónica y multicausal, que suele estar asociada a otros males. “Por eso hay que diseñar tratamientos crónicos, evaluando cada paciente”. Por ejemplo, si se retira el medicamento, desaparece el control del apetito y la saciedad y puede haber un efecto “rebote” del peso. “No hay que pensarlas como una droga mágica, sino como parte de un tratamiento integral que facilita adoptar hábitos más saludables”, detalló.

Historia. Harwicz explicó que esta familia de medicamentos ha probado, en numerosos estudios clínicos, ser segura y eficaz. Y la experiencia de su utilización (en diabetes) ya tiene casi 15 años. Además, fueron evolucionando. “Al principio se la aplicaba dos veces por día, luego se pasó a una inyección cada 24 horas y ahora ya estamos en una semanal”. El futuro de estos medicamentos también parece promisorio. Por ejemplo, en EE.UU. ya está disponible en forma de píldora (para control de diabetes).

En Argentina, la Anmat aprobó la semaglutida (diabetes) en 2021. Y, hace unos meses, ese organismo dio el OK para su uso en obesidad, en dosis más elevadas, pero este formato aún no llegó a las farmacias locales.

La experta concluyó que  “son opciones para ciertos pacientes, como los que tienen sobrepeso asociado a otras comorbilidades (diabetes, cardiopatías). O, si su índice de masa corporal es mayor a 30, aun sin otra patología. Siempre bajo uso supervisado. Pero estas drogas se están haciendo su lugar en el tratamiento de la obesidad, dentro de una concepción integral de enfermedad crónica”.

Una mirada integral

Hace pocas semanas, media docena de asociaciones médicas y de pacientes emitieron un documento: “Sobrepeso y obesidad: un desafío para la salud y el desarrollo que requiere la participación de la sociedad civil”. Allí se resumen las causas que explican la epidemia de sobrepeso y obesidad, y proponen medidas para frenarla. 

“Básicamente es un problema a abordar desde múltiples visiones, incluyendo una mirada social, más amplia que solo la médica”, le explicó a PERFIL Rubén Torres, sanitarista y director del Instituto de Políticas Sanitarias y Salud Pública (Ipegsa). Además, el experto recordó el alto costo económico de lidiar con sus consecuencias en lugar de hacer prevención. Y destacó “el preocupante aumento del peso que se nota entre chicos y adolescentes”. 

Esta situación es el resultado de una combinación de factores ambientales, sociales, culturales, biológicos, psicológicos y genéticos.

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