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Tomar o no más deuda con el FMI, esa es una de las «cuestiones» para el «Toto» Caputo

Luis «Toto» Caputo parece tomarse por ahora con tranquilidad las críticas cada vez más crecientes que aparecen en los medios de comunicación hacia sus medidas como ministro de Economía, esa papa caliente que finalmente aceptó agarrar, y que aún no cumplió un mes de gestión, como tampoco la del propio Javier Milei, a quien la CGT ya le lanzó en la cara un primer «paro general» (¿le hará también 13, cómo hizo Saúl Ubaldini con Raúl Alfonsín?).  

La palabra «fracaso» empieza a repetirse en los titulares de distintos medios, sobre todo los vinculados al kirchnerismo duro, o que aún mantienen «relaciones carnales» con Sergio Massa. «En un año de gestión terminó de arruinar la economía, y ahora viene a presentar libros como si fuese un gran estadista», mascullan bronca, aunque también algo de sorna, quienes trajinan en esta nueva etapa el Palacio de Hacienda.

«Fracaso por la licitación del bono para importadores»… «Fracaso porque la inflación sigue fuera de control»… «Fracaso porque el FMI no le quiere prestar plata»… La palabrita se repite en numerosos titulares de portales y diarios… Y la dicen también a cuánto oído tengan cerca los «Massa boys», como el ex jefe de la Aduana Guillermo Michel, quien parece camino de convertirse en el jefe de gabinete en las sombras del tigrense que pasó de anunciar que estaba cerca de irse a trabajar en exterior a una de las «múltiples» ofertas laborales que le llegaban, a moverse cada vez más rápido para posicionarse, otra vez, de cara a las legislativas de 2025. ¿Pero acaso no faltan dos años?, ironizan en el gobierno. Y disparan: «Es que tiene de competidor a Kicillof, que sigue sin gobernar la provincia de Buenos Aires y sólo se imagina como el primer ‘presidente marxista’ de la Argentina en 2027».

«Fracaso de Caputo: el FMI le avisó que se olvide de los 10.000 millones de dólares que quería en enero», titula un portal de noticias con terminales muy cercanas al massismo, y a la «pauta en general», según hacen notar en el Ministerio de Economía, donde el tema de los «micrófonos ensobrados» con los que Milei machacó en su campaña, parecen haber calado hondo en materia discursiva al menos.

La nueva «novela» del FMI

El Fondo Monetario le dio rápidamente la bienvenida a Javier Milei. Kristalina Georgieva y su equipo hicieron lo que mejor saben: ser diplomáticos con los deudores. No vaya a ser cosa que se terminen rebelando y el organismo se quede con el pincel en la mano, porque el país que más plata le adeuda se declara en bancarrota, como en el 2001. Es el gran temor de todos los burócratas que han pasado por ese odiado financista multilateral. Provocarle un «quebranto» a sus patrones, las grandes economías mundiales de occidente, como Estados Unidos, Alemania, Japón, Reino Unido, Italia y Francia, y que los echen sin miramientos. En definitiva, Georgieva y su troupe también buscan cuidar el «puestito», donde tienen salarios exorbitantes y se mueven en el mundo como jefes de Estado.

Pero la «novela del Fondo Monetario» arrancó la semana pasada, cuando un influyente columnista mencionó que Caputo gestionaba un crédito de u$s 15.000 millones con el FMI. Y dijo que la visita de un alto funcionario estadounidense a la Argentina estaba vinculada con esa posibilidad. 

El Fondo Monetario le dio rápidamente la bienvenida a Javier Milei. Kristalina Georgieva y su equipo hicieron lo que mejor saben: ser diplomáticos con los deudores

El Fondo Monetario le dio rápidamente la bienvenida a Javier Milei. Kristalina Georgieva y su equipo hicieron lo que mejor saben: ser diplomáticos con los deudores

Hablaba de Jay Shambaugh, el influyente número dos del Tesoro norteamericano, quien estuvo pocas horas en el país y fue recibido por Javier Milei y el propio Caputo en Casa Rosada.

¿Acaso en esa reunión se habló del tema de que Estados Unidos –quien hace y deshace en el FMI- dé el visto bueno para que llegue plata fresca a la Argentina? ¿Otra vez? «Complicado», murmuran en el quinto piso del Palacio de Hacienda. Por las dudas, en cuanto vio los trascendidos, Caputo apuró un encuentro con periodistas para «anunciar» que no habrá desembolsos extras del FMI. En el kirchnerismo dicen que fue su manera de anticiparse a la noticia del nuevo «fracaso» de sus negociaciones internacionales. 

Y hasta lanzan una afirmación por demás incomprobable, pero munida de cierta verosimilitud: que Caputo le había prometido a Milei que conseguiría u$s 30.000 millones para desarmar la «bomba» de Leliqs. Por ahora, el FMI sólo girará los u$s 2.300 millones que quedaron pendientes del último tramo de la gestión de Massa. Y a lo sumo anticipará intereses de DEG del primer trimestre por 3.900 millones para que no se caigan las reservas, como hacía con Massa. 

El ministro reconoció que los fondos que lleguen del FMI sólo se usarán para reforzar reservas. Es decir, no podrá cancelar vencimientos, por ejemplo, con los privados. Y, con discurso diplomático, señaló: «La relación con el Fondo es buena, estamos haciendo más de lo que imaginaban, por eso sigue el mismo acuerdo, y vamos a cumplir las metas».

Pero el calendario de vencimientos que deberá enfrentar el país en los próximos meses deja dudas sobre la solidez del plan de Caputo. En cambio, juega a su favor que el BCRA logró comprar unos u$s 2.500 millones desde la devaluación del 55%.

El escenario financiero abre muchos interrogantes

Según señalan en el Palacio de Hacienda, la necesidad financiera «de mínima» hasta contar con los dólares de la liquidación de la cosecha gruesa que entra en abril/mayo, suma más de u$s 20.000 millones. Entre enero y abril el Tesoro nacional deberá afrontar pagos en moneda extranjera por 17.240 millones de dólares, según la Oficina de Presupuesto de la Nación, aunque más de la mitad, unos 9.421 millones, son intrasector público, que se prevé se renovarán en forma automática. 

En ese escenario, consultado sobre si se pagará el próximo vencimiento el 9 de enero -unos 1.955 millones de dólares en concepto de intereses del Bonar 2030 (uno de los títulos públicos emitidos por Martín Guzmán cuando reestructuró la deuda con privados, Caputo exclamó: «¡Claro!». Pero en el mundillo financiero se atajan y responden: «Ver para creer».

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