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Oxígeno para el Plan Caputo: entran dólares del campo y ahora todo depende de que la brecha cambiaria siga baja

A pesar de las expresiones de escepticismo que surgieron desde el propio sector agrícola, las cifras muestran que el ministro de economía, Luis Caputo, está logrando uno de sus objetivos fundamentales para el arranque de la gestión: generar un refuerzo en el ingreso de divisas, mediante un empuje a la exportación del campo. Desde que comenzó la gestión del gobierno, en el Banco Central pudo quebrar su racha y compró u$s2.082 millones. El monto logrado en poco más de dos semanas supone el mayor ingreso desde que en septiembre de 2022 se aplicó el primer programa de incentivo a la exportación de soja.

El objetivo que se había fijado el equipo económico de Javier Milei era un ingreso de u$s5.000 millones que ayudaran a atravesar el siempre crítico período veraniego, que es cuando estacionalmente se sufre la escasez de divisas y suelen producirse las tensiones cambiarias. Si el plan se cumpliera como se lo proyectó, entonces el actual esquema cambiario lograría sobrevivir hasta abril, que es cuando empiezan a ingresar los dólares provenientes de la cosecha gruesa. En cambio, si las cosas no salieran bien, la eventualidad de una nueva devaluación se tornaría inevitable.

El propio Caputo, en su raid de entrevistas post anuncios de las nuevas medidas, dijo que el campo ya estaba empezando a vender la mercadería guardada en silobolsas, para aprovechar la oportunidad que brindaba el nuevo tipo de cambio competitivo. Pero entre los consultores y expertos del agro la situación no parecía tan clara.

Sobre todo, causó preocupación la medida sobre la producción industrial de maíz -como las harinas y los aceites- lucía como un fuerte desincentivo, dado que llevaba las retenciones del 12% otra vez a un nivel de 15%. Mientras que, en el caso de la soja, los derivados industrializados -que, de hecho, componen el grueso de la exportación del complejo sojero- tendrán una suba de dos puntos, que las igualará en 33% con la venta del poroto.

Y, por otra parte, hubo quejas en el sentido de que la devaluación suponía un encarecimiento de costos -tanto por los insumos como por el arriendo de campos- que terminaba por neutralizar el efecto positivo de la suba en el tipo de cambio.

«La decisión de subir los derechos de exportación del 31% al 33%, que acaba de anunciar el Ministerio de Economía es una muy mala noticia para la economía del país. La principal industria exportadora del país se verá castigada por la suba de impuestos y eso va a limitar severamente el flujo de divisas y atentará contra el empleo industrial de la soja. La industria siempre pidió igualdad tributaria y esos dos puntos eran un reconocimiento de esa condición fiscal, que ahora el gobierno rompe», se había quejado Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera y del Centro exportador de Cereales.

El Banco Central pudo retomar la posición compradora gracias a la reactivación de la exportación agrícola

El Banco Central pudo retomar la posición compradora gracias a la reactivación de la exportación agrícola

Otra voz crítica fue la del influyente consultor Salvador Di Stefano, quien había puesto la lupa sobre el costo del alquiler de tierras, que al estar medido en quintales de soja, sufriría el aumento proporcional a la devaluación. Un informe sobre ese punto concluyó que, con una renta 17 quintales por hectárea, las cuentas dan negativas: cuando al nuevo dólar de Caputo se le contrapone el encarecimiento de los costos de importación, de los de cosecha y el alquiler, se termina en una pérdida de u$s66 por tonelada.

Ventas, pese a todo

Pero, sobre todo, el principal motivo de escepticismo estaba vinculado a la conducta tradicionalmente conservadora del productor argentino, para quien la soja guardada en los silobolsas es una forma de preservar el capital, y que en esta época del año suele desprenderse del stock en cuentagotas, a medida que va necesitando efectivo para financiar los costos de la nueva campaña.

Después de todo, cuando el nuevo gobierno asumió, apenas quedaba un remanente de 4,5 millones de toneladas de soja en los silobolsas, un número bajo si se considera que un año atrás -cuando Massa implementó la segunda versión del «dólar soja- había un stock de 11 millones. Además, la campaña de trigo, a la cual las lluvias no llegaron a tiempo, resultará muy por debajo de las proyecciones iniciales: se espera unas 14 millones de toneladas, contra las 18 previstas originalmente.

Con semejante marco, era natural que el escepticismo fuera la tónica. El antecedente del último verano llamaba a la cautela: el ingreso de trigo, en medio de la crisis climática, apenas dejó u$s1.300 millones en el acumulado enero-febrero. Y la soja, con el incentivo cambiario, dejó u$s3.100 millones. Es decir, fue uno de los peores veranos en cuanto a aporte de divisas del campo: en 2022, cuando se había dado la conjunción de una buena cosecha y precios altos, el ingreso había sido de u$s7.650 millones.

Sin embargo, en los últimos días se empezaron a ver movimientos alentadores. Nadie habla de un boom, pero se está viendo una reactivación exportadora que hace que el objetivo de ingreso de divisas que se planteó Caputo no luzca tan exagerada como parecía en un inicio.

Hay reportes de analistas que indican que la actividad exportadora para algunos cultivos se triplicó respecto del bajo nivel que se registraba antes del recambio de autoridades.

Desde la devaluación, se vendieron más de medio millón de toneladas de soja, un millón de toneladas de maíz y 0,8 millón de trigo. Es decir, un volumen total de 2,4 millones; pero si al cálculo se agregan las operaciones de fijación de precio para mercadería ya entregada -es decir, aún no liquidada-, entonces el volumen asciende a 5,8 millones de toneladas.

Tras la mala campaña por el efecto de la sequía, en los silobolsas quedó apenas un remanente de 4,5 millones de toneladas de soja

Tras la mala campaña por el efecto de la sequía, en los silobolsas quedó apenas un remanente de 4,5 millones de toneladas de soja

La lupa en los silobolsas

No es una cifra menor, aunque es cierto que sigue lejos del potencial total. Más específicamente, es un 20% de la cosecha disponible en este momento, que a grandes rasgos se conforma así:

*Soja: quedan 4,5 millones de tonelada sin comercializar, pero a eso se debe sumar 2,8 millones ya comercializadas pero sin precio, es decir aún no liquidado. Esto lleva a que, a los efectos del ingreso potencial de divisas, el principal producto de exportación argentino podría aportar 7,3 millones de toneladas.

*Maíz: al igual que ocurre con la soja, tiene casi 6 millones de toneladas aún sin comercializar y 3,5 millones de toneladas ya vendidos y con precio a fijar. Un total aproximado de 9 millones.

*Trigo: es el cultivo que más suele aportar en el verano, y lejos del pronóstico inicial de 18 millones de toneladas, la campaña podría dejar, en el mejor de los casos, unas 14,5 millones de toneladas. A esa cifra hay que restarle la cantidad de producto ya vendida y con precio, lo cual deja un potencial de exportación de 12,2 millones de toneladas.

En el caso de que toda esa producción se exportara, a los precios de hoy, sumaría u$s8.400 millones. Es decir que el objetivo de Caputo implicaría que se vendiera aproximadamente un 60% del potencial del campo. Todavía se esta lejos, pero al ritmo de ventas que se viene observando no resulta una meta inalcanzable.

Todavía es tema de debate qué tan realista es la aspiración del ministro. Pero en principio, los expertos ven que los productores aprovecharán, al menos en parte, la ventana de oportunidad que se abre con un tipo de cambio que, en términos reales, se ubica en torno de los $850 por dólar –dado el mix de 80% al oficial y 20% al precio del «contado con liqui»-.

La apuesta del Plan Caputo

El hecho de que el tipo de cambio tenga un crawling peg de apenas 2% -una devaluación más bien simbólica en un entorno de inflación corriendo a casi un 30% mensual- hace que haya un incentivo para apurar las operaciones, dado que el ingreso de la exportación irá perdiendo valor gradualmente.

La clave para vencer la resistencia de los productores es la abrupta caída de la brecha cambiaria. Si se compara el «dólar exportador» con el tipo de cambio paralelo, la brecha está en apenas un 11%, el valor más bajo de los últimos cuatro años.

La caída del dólar paralelo incrementó el incentivo exportador, porque permite obtener un precio más cercano al del mercado internacional

La caída del dólar paralelo incrementó el incentivo exportador, porque permite obtener un precio más cercano al del mercado internacional

En la medida en que esa diferencia se mantenga dentro de los parámetros actuales, eso le permitirá al productor obtener un precio más cercano al del mercado internacional que el que estaba recibiendo hasta ahora.

Esto ocurre porque, en una economía con cepo, el productor entrega los dólares al Banco Central, que le paga al tipo de cambio oficial y le resta el monto de las retenciones, y luego el productor, con los pesos en la mano, tiene que ir al mercado paralelo para cambiarlos al valor del «contado con liquidación».

En los momentos en que la brecha cambiaria rondaba el 100%, eso llevaba a que, en el caso de la soja, ni siquiera se pudiera capturar un 30% del precio que se veía en las pantallas de Chicago. Los esquemas de incentivos de Massa hacían que ese porcentaje subiera temporariamente a 50%.

Ahora, con una cotización de la soja Chicago a u$s494, el «dólar Caputo» implica que un 80% del valor va por el oficial de $806 y el otro 20% a los $900 del «contado con liqui». La primera parte da u$s237 y la otra u$s66, con lo que el productor termina recibiendo u$s303, lo que significa un 61% de la cotización de la soja en el mercado internacional.

En definitiva, la apuesta de Caputo reside en que esa inédita calma del dólar paralelo se sostenga durante el verano. Es algo sobre lo que los economistas no se animan a hacer pronósticos. En principio, la calma parece asegurada en enero, pero para febrero, un mes típicamente turbulento en el plano financiero, surgen las dudas.

De hecho, en los contratos a futuro del Rofex, el mercado está marcando un segundo salto devaluatorio, que haría subir el 13% el tipo de cambio en marzo hasta ubicarse en $1.006.

Esas expectativas están marcando que la «ventana de oportunidad» no sólo la tienen los productores, sino también el gobierno: el plan económico dependerá de que en las próximas semanas se mantenga fuerte el ritmo exportador.  

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