Despacito, una historia de resiliencia: Erika Ender, su autora, cuenta cómo tocó fondo y terminó en lo más altoEspectáculos 

Despacito, una historia de resiliencia: Erika Ender, su autora, cuenta cómo tocó fondo y terminó en lo más alto

Todo el mundo intentando explicar lo que los compositores, científicos y psicólogos definen como “gusano de oído”, un hit taladra-sesos que se arrastra impune por nuestro cerebro. Que si es la rítmica, la forma de romper la candencia, la separación de sílabas. Erika Ender, autora de Despacito -junto a Luis Fonsi- trae ahora un elemento que pocos tuvieron en cuenta: la previa, la vivencia propia, el camino espinoso que tuvo que recorrer para que un día la canción se le ocurriera. “La vida me ha golpeado duro, pero no tan fuerte como para tumbarme”, cuenta. Debajo del cabello a lo “Pibe” Valderrama, el cerebro del fenómeno. Adentro del fenómeno, la historia de vida.

Erika nació en Panamá tres días antes de la Nochebuena de 1974. Sus padres, médicos, -él, estadounidense, ella brasileña- se enamoraron cantando y se mudaron a América Central. Lo multicultural, por uno y otro lado, ascendencia portuguesa, francesa, alemana, italiana, española, china. Discos de Edith Piaf y del trío Los Panchos, de Nat King Cole, Gal Costa y José Feliciano. “Las canciones no eran huérfanas todavía”, se lamenta. “Yo tomaba las cubiertas y leía, Agustín Lara, Consuelo Velázquez, Manuel Alejandro, Armando Manzanero y Juan Carlos Calderón. Los autores visibles en letra grande en las portadas, al ladito del nombre de los cantantes”.

A los cinco ya escuchaba a a Libertad Lamarque y a Carlos Gardel, fascinada por el relato del mito que hacía su bisabuela Aura. A los nueve, de viaje por Brasil, compuso su primer hit doméstico, “Me voy de viaje, chaucito, chauzón”. A los 16, mientras en su escuela secundaria “la prioridad educativa” estaba enfocada en los números, la matemática y la ingeniería, ella escribía poesía como respuesta al sistema. En secreto, una profesora mandó un poema de Erica a un concurso intercolegial. Cuando sonó el teléfono en casa de Ender, el galardón convenció a la familia. Lo suyo eran las letras. Faltaban varios porrazos hasta la cima.

En abril de 1992 hizo su debut en un programa panameño, Sábado sensacional. Componía, cantaba, estudiaba Comunicación. Para 1999, con sus demos bajo el brazo, golpeaba discográficas, pero de la boca de los productores sólo salía el “no”. “Había probado suerte en los Estados Unidos y cuando volví a a mi país, al mes me robaron todo lo que tenía en el departamento, un departamento que me había costado nueve meses armar. Comí tierra. Se me acabaron todos los ahorros”, rebobina. “Yo venía de ser presentadora en mi tierra, de ser super conocida allá y hacer musicalmente todo lo que podía hacer ahí. Pasé a golpear puertas, a hacer jingles en portugués, pero dije a la vida, ‘ya sé lo que me quieres decir. No tengo que quedarme en mi lugar'”.

De regreso en los Estados Unidos, llegó el nocaut. Cuando la maquinaria se aceitaba y ya eran boom las canciones de Chayanne que escribió junto a Donato Póveda –Ay mamá y Candela– entró al quirófano de urgencia. “Un fibroma reventó y salí sin útero y sin posibilidad de ser mamá. No tuve el tiempo de digerir la noticia. ‘Hay que sacar todo’, me dijo el médico. Salí del hospital y escribí ¿Cómo hubiera sido?“, se emociona. “Tardé siete años en poder cantar el tema para el hijo que no tuve y nunca podré tener”.

Erika Ender, la autora de “Despacito”

“¿Cómo hubiera sido abrazarte hasta dormirte aquí en mi pecho? ¿Cómo hubiera sido poder darle vida a alguien? ¿Cómo hubiera sido ser tu madre?”, llora y canta, canta y llora en un video. La canción forma parte del disco Tatuajes, que celebra los 25 años de carrera de Erika. “Así llamé al álbum porque eran los dibujos que se habían hecho dentro. Yo no tengo tatuajes en mi cuerpo, pero el alma la tengo toda tatuada. Y siento que todo esculpió mi espíritu. Ninguno de los golpes que me ha dado la vida fue lo suficientemente fuerte como para dejarme caer. ¿Los diamantes no necesitan que los golpeen? ¿El carbón no se vuelve diamante pero a punta de golpes?”, se ríe.

“La vida me enseñó que se puede ser madre de otra forma. Por eso tengo mi fundación Puertas Abiertas, donde abrazo hijos”, dice de paso por la redacción de Clarín la mujer cuya mano moldeó 200 discos. Vive “partida” entre sus casas de Miami y Los Ángeles y no hay semana en que no tome una decena de aviones. Daddy Yankee, Gloria Trevi, Gilberto Santa Rosa, Elvis Crespo, Lali Espósito y Luciano Pereyra. Ellos cantan y Erika colabora en amasar la canción hasta que la masa sea un bocado apetitoso, desesperadamente familiar, fácil de reproducirse hasta cuando uno está dormido. Con menos popularidad, desarrolla su faceta de cantante. Acaba de actuar con Alejandro Lerner en el Luna Park.

La vida AD/DD (antes y después de Despacito) se nota en sus hábitos. Antes de Despacito, todo era slow… Su oda a la lentitud la llevó a vivir varios grados más de velocidad e intensidad. Luego de esa reunión en casa de Fonsi, cafecito mediante, en el que juntaron ideas, el gusano mágico trajo facturación y récord. “Soy muchas Erika. Mi arte es como mi pelo. No entra en una caja”, bromea. “Soy la cantante, la compositora que escribe para colegas, la productora que tiene contenidos para marcas, la filántropa, la comunicadora. Voy separando los espacios y según el día soy tal o cuál. En las próximas horas me voy desde Las Vegas a Miami, de allí hasta República Dominicana, Panamá, Nueva York, Washington. Dividida entre los dos mercados, el anglo y el latino”.

“Estuve viajando mucho a Australia, para trabajar en el mercado de Oceanía, y a China para el mercado asiático. Ahora vengo de trabajar con el Justin Bieber chino. Escribo en español, portugués o inglés, según me llegue la canción”. 

Erika Ender, la autora de “Despacito”

-Usás el verbo “llegar”. ¿La canción, “baja” de manera mágica, divina?

-Yo digo que la inspiración es algo divino. Y a mí me enseñaron de pequeña que yo era un instrumento para eso. Cuando me viene una canción, me llega el título y lo que debe en inglés o en español. La propia melodía me indica el idioma en el que debe ser.

-Como compositora de hits. ¿Qué canción dela historia de parece “arquitectónicamente” perfecta?

-Un ejemplo, el disco Bachata rosa, de Juan Luis Guerra y 4.40. No sólo la canción es perfecta. El arreglo. Todo el círculo es perfecto.

Erika posa con el premio a canción del año, “Despacito”, en la entrega anual de los Latin Grammy 2017.

-¿Un compositor es el eslabón de la cadena que más sabe manejar el ego?

-Pasa que yo no veo a la canción como que se la entrego a otro. Se la comparto a otro para que ese otro brille. Al final, la semilla es la canción. El artista no puede llevarse atribuciones que no son suyas. Tiene que saber ser agradecido. Así como el autor hace la carrera con la voz de un gran artista, el artista hace la carrera con una gran canción de otro. Es un matrimonio. Yo soy cantautora y sé lo que yo necesito. Y a la hora de entregar la canción a otro colega, o de escribir con otro, tiene que existir esa ética. Es un trabajo balanceado y no por estar detrás del escenario tu trabajo vale menos que el del artista.

-¿Qué le dirías a Coti y a Diego Torres que tuvieron un cruce por “Color esperanza”?

-No conozco de cerca el asunto. Pero en términos generales, lo importante es que todos salgan beneficiados. Cuando yo llegué a los Estados Unidos, todo lo hacía sola. Para mí, mis canciones eran mis hijos y nadie los podía tocar. No era egoísta, sólo que no tenía idea de cómo se metían cuatro manos en una hoja. Renato Póveda me dice: “Vamos a escribir juntos. Yo pongo un poco, vos otro y al final sale un bebé”. Fue una maestría en co-escribir. Algunos tienen ideas apenas y tú tienes que intentar traducir todo eso. En otros procesos es más fácil. Siempre hay que juntarse con la premisa de que el ego no lleva a nada. Nos juntamos en nombre del arte. Y fluye.

-¿Cómo vivís esta sombra en la que está sumido el autor en esta era?

-Yo entré a esta carrera entendiendo la magia que generaba el compositor. De chiquita leía “Raphael canta Manuel Alejandro”, “Los Panchos cantan Armando Manzanero”. Yo preguntaba: ‘¿Quién es este señor?’. ‘Es quien hace la magia’, decían mis padres. En los ’80 y ’90 todavía esa magia se respetaba. Hoy, incluso como todo se ha digitalizado, se perdió el crédito del compositor en tapa. La gente asume que la canción siempre es del artista.

-Como todo éxito, “Despacito” fue tan escuchado como destrozado. ¿Qué valor quisiste darle?

-Es una reivindicación a la suavidad, al buen trato. Nosotras somos una obra de arte que traemos seres humanos al mundo y así tenemos que ser cuidadas.

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